El narcotrafico en Honduras, el desafio de Hernandez

de Piero Innocenti

Honduras, con su costa no supervisada en el Mar Caribe, las islas de La Bahía sustancialmente no afectadas, la propensión tradicional al contrabando y las docenas de pistas de aterrizaje clandestinas, han sido durante mucho tiempo las condiciones ideales como punto de transferencia de cocaína a América del Norte y Europa. Las rutas más utilizadas por los narcotraficantes son la ruta terrestre, en la frontera con Nicaragua, la ruta de la laguna (laguna Caratasca) y, sobre todo, la ruta marítima que afecta a las islas. Es precisamente aquí donde, en puntos predeterminados, se realizan transbordos de cocaína desde hidroaviones a barcos o lanzamientos de estupefacientes debidamente sellados en sobres impermeables que se recuperan de pequeñas y rápidas embarcaciones a motor. Desde la década de 1980, la ciudad (como otras en Centromerica) ha sido una especie de puente de tránsito natural para la cocaína colombiana.

A pesar de las deficiencias en términos de recursos humanos e instrumentales de la Policía y las Fuerzas Armadas, en 2019 hubo éxitos apreciables en la acción antidrogas como el Presidente de la República, Juan Orlando Hernández, señaló en marzo pasado, recordando los seis mil personas arrestadas por tráfico de drogas, las incautaciones de alrededor de 19 toneladas de cocaína (también se descubrió una carga de 644 kg de cocaína de Honduras en el puerto de Livorno en enero de 2019), la destrucción de 162 mil plantas de coca y un millón de plantas de marihuana, así como la neutralización de 263 pistas clandestinas y 19 laboratorios de refinación de drogas.

Un informe presentado inmediatamente después de los cargos de complicidad con narcos hechos en Miami por un traficante de cocaína relacionado con el hermano del presidente, Juan Antonio Hernández, condenado en Estados Unidos en octubre de 2019 por tráfico de drogas.

La estructura política institucional actual de la República Presidencial hondureña es el resultado de un proceso de democratización que comenzó con las elecciones de 1980-81. Estos marcaron el regreso al poder de los civiles después de casi diecisiete años de liderazgo político ininterrumpido por parte de los militares. La transición tuvo lugar de forma gradual y acordada y la sensación es que una especie de protección militar todavía parece cernirse sobre las instituciones políticas. Ya en el pasado, en 2003, algunos eventos, incluidos los institucionales, habían afectado gravemente la credibilidad de los dispositivos diseñados para combatir el narcotráfico y entre ellos la divulgación por parte del director de televisión de TVC de un documento con los nombres de las personas (en algunos casos, indicaciones detalladas en las cuentas bancarias de políticos corruptos) que componen los carteles del narcotráfico, que incluían policías, ex militares, magistrados, empresarios y jueces de la Corte Suprema. Eran los tiempos de los signos de Tegucigalpa, del Centro, de San Pedro di Sula, del Oeste, reemplazados, en los años siguientes, por los "transportistas" de Los Cachiros que controlaban en todo el país la mayoría de las pistas clandestinas de Los Valle (casi todos arrestados o extraditados a los EE. UU.), Del cartel del Atlántico (quizás el mejor estructurado pero también el que sufrió arrestos e incautaciones de activos). El panorama actual del narcotráfico hondureño ve a muchos "perros sueltos" reunidos en pequeños grupos y pandillas que a menudo luchan entre sí para tomar porciones del mercado en el tráfico y en la cantina. También por esta razón, la acción de contraste policial es más difícil.

Piero Innocenti

Escritor y profesor universitario

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